Nos encontramos en un período de transición hacia la movilidad eléctrica. A día de hoy, es evidente para cualquiera que tenga ganas de verlo: pronto nuestro mundo va a estar movido por baterías.
Sin embargo estamos tan acostumbrados a la vida con nuestros coches de gasolina, que se vuelve muy difícil entender las formas en las que cambia la vida con un coche eléctrico. Es habitual leer comentarios tremendistas en Internet: ¿Qué pasa cuando se te gaste la batería? ¡Tendrás que esperar 6 horas a que se cargue el coche! Con mi gasolina lleno el tanque en 5 minutos. ¿Y si quiero hacer un viaje largo? ¿Y la degradación de la batería?
Un comentario habitual entre los que se han pasado a un vehículo eléctrico que leo mucho es: la primera semana sufrí ansiedad por la autonomía, después me olvidé del tema.
Cuando estamos tan acostumbrados a vivir con un coche de gasolina, es muy difícil entender que la vida con un coche eléctrico simplemente es distinta: todas las cosas que damos por sentadas son distintas. Sería igualmente difícil explicar como se maneja uno con un coche de gasolina, a alguien que está acostumbrado a un coche eléctrico. ¿Cómo? ¿Que no puedo cargar mi coche por las noches en mi casa, sino que tengo que dejar lo que esté haciendo e ir expresamente a un sitio especial para poder cargarlo pagando un dineral?
Lo cierto es que cuando tienes un coche eléctrico no cargas nunca más tu coche, porque cuando el coche se carga tu estás haciendo otra cosa, normalmente durmiendo. Y lo hace a un precio irrisorio en comparación con la gasolina. El mayor miedo, la autonomía, se disipa cuando te das cuenta de que todas las mañanas amaneces con más kilómetros disponibles de los que haces a diario. La ironía: un coche que tarda muchísimo más en cargar, exige mucho menos tiempo a su usuario para ello. De pasar 5 minutos echando gasolina a apenas unos pocos segundos enchufándolo y olvidándose del tema. A esto hay que sumarle que según avance la infraestructura, cada vez va a ser más común y accesible cargar fuera de casa: en el trabajo, en el supermercado, en un restaurante, en un centro comercial, incluso en la calle. Cuando crezca el número de vehículos eléctricos en las calles será cada vez más común ver enchufes en cada sitio al que vamos. Igual que cargas tu teléfono en el trabajo también puedes cargar tu coche. Cargar ya no es algo que haces una vez del tirón sino muchas veces en pequeñas dosis.
¿Y los viajes? Con la aplicación ABRP (A Better Route Planner) puedo ver las paradas que tendría que hacer para un Barcelona-Pontevedra en una ID. Buzz con 445km de autonomía: 5 paradas en un viaje de 1135km, 13 horas en total de las cuales 2h se pasan cargando la furgoneta. La realidad es que en un viaje como este voy a pasar muchas más horas parado. Tendré que comer, tendré que estirar las piernas, y echar alguna que otra meada. Por no mencionar que tengo niños y que no es aconsejable que pasen más de 2 horas en su silla sin salir del vehículo.
Los petrolheads, en su fantasía, hacen 20 horas del tirón (meando en una botella, supongo), cargan sus coches en 30 segundos y tienen 1000km de autonomía. Todas esas cosas pueden ser ciertas sobre el papel pero nadie puede ponerlas en práctica de manera consistente, y aunque se pudiera seguiría quedando el asunto del coste y, por qué no, el impacto ecológico. La defensa del coche de gasolina se convierte en el Síndrome de Estocolmo: todas esas supuestas ventajas para convencernos de algo que en realidad es peor a todas luces, solo que es lo que conocemos desde siempre.
Y en cuanto a la degradación, otro gran miedo que se está demostrando injustificado puesto estudio tras estudio se comprueba como las baterías superan las expectativas de durabilidad: en el peor de los casos superior a la vida útil que les damos a los vehículos. Es decir que en la mayoría de los casos es probable que hayas cambiado de coche antes de que la batería se haya degradado significativamente. Rara vez una batería de coche se degrada más allá del 80% de la capacidad original, y en general un cambio de batería sería comparable a un cambio de motor en un ICE: algo que técnicamente ocurre, pero que en la práctica no es algo que deba preocuparnos especialmente.
Quizá otro día podemos hablar sobre los bulos que rodean la cuestión ecológica, tema en el que no me apetece explayarme ahora mismo porque no era el punto central del artículo, pero sobre el que podéis imaginar mi opinión.





